Quien no sabe amar a un animal, no sabe amarse a sí mismo

En la sociedad una gran cantidad de gente no respeta a los animales porque “no son seres racionales” y carecen de emociones.

Pero … Supongamos que una persona carece de intelecto, no se relaciona con los demás de una manera “normal” o no muestra sus emociones abiertamente, ¿podría ser considerada un animal? ¿entonces debemos tratarlo como tal?

Al contrario, la tratamos con más cuidado e intentando proporcionarle una gran ayuda, entonces… ¿cuál es la diferencia?

Los seres humanos poseemos una inteligencia y capacidades que sobrepasan a los demás animales, pero eso no nos da ningún derecho a controlarles a nuestro antojo, y mucho menos a matarles o maltratarles.

Si somos tan listos y capaces deberíamos saber que debemos tratarlos como semejantes, porque al fin y al cabo lo son.

Existen más de 17 leyes contra el maltrato animal y aun así parece que la gente no toma conciencia de la importancia del tema.

Pero lo más importante es ser consciente de lo que somos y lo que son, debemos protegernos y protegerlos, y aprender de ellos, porque en definitiva, lo dan todo, sin pedir nada, y siempre son leales y fieles.

Quien no sabe amar a un animal, no sabe amarse a sí mismo

Publicado por María Jesús González

Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y especialista en Psicología Clínica. colaboradora experta en Psicofarmacología, Trastornos del Comportamiento Alimentario, etc Pertenezco al Colegio de Psicólogos de Castilla y León, con el número de colegiado CL 01619. Llevo más de veinte años trabajando en diversos hospitales y clínicas privadas de diferentes ciudades del país, lo que me ha otorgado una amplia experiencia como Psicóloga Clínica, la única especialidad reconocida por el Ministerio de Sanidad. En este tiempo me he dedicado a la evaluación y el tratamiento psicológico de pacientes (niños, adolescentes, adultos y ancianos) con patologías muy diversas, como trastornos de ansiedad (agorafobia, fobia social, pánico, trastorno obsesivo compulsivo…), estrés, depresión, esquizofrenia, bulimia, anorexia, obesidad y problemas de peso, trastornos del sueño, alcoholismo, tabaquismo, adicciones, trastornos psicosomáticos, cáncer, dolor crónico, etc.

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