Aquella copa de vino

Cada noche, tras el ansiado final de la jornada laboral, realizaba de forma escrupulosa la rutina que le aportaba la satisfacción de saberse querida por sí misma. Lo primero que hacía era regalarse una breve ducha de agua caliente, acariciando su cuerpo con su gel favorito.

La vida en escaparate

Colocó su pelo en el ascensor, ansiaba sorprender a su futuro amor. Él la esperaba en el rellano, muy dispuesto, cámara en mano. Vestida de alto copete, pensó que aquella noche la convertiría en musa de su carrete. Tan ilusionada estaba nuestra enamorada, que consideró tirar la casa por la ventana.

Tacones lejanos

Aquella mañana había tomado el primer tren que la llevaba directa hacia la estación en la que él la esperaría. Dos horas antes, sonó el despertador, y con la seguridad de quién sabe qué camino tomar, Judith se vistió con deliberado esmero. Acariciaba sus piernas mientras colocaba delicadamente sus medias de cristal y con firmeza,Sigue leyendo “Tacones lejanos”